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jueves, 28 de abril de 2016

Conspiración / Habitual / Ignorancia

- Otro delincuente habitual es nuestro siguiente poeta. Además de guardar el cadáver de una visita frente a su colección de coleópteros, cultiva la poesía medida y rimada con el agravante de no arrepentirse.
- Buenas noches y muchas gracias por venir. Casualmente mis dos  poemas iniciales son de tema policial, el primero tiene un "pues" en su vigesimoséptimo verso, y el segundo se titula "Habitual". Cuando la semana pasada estaba leyendo el poli poeta pensé: "Con la cantidad de material que habrá visto en su profesión y nos habla de eso..." Por ejemplo, unos hechos reales. En mi blog, Discursos a los diablos, tenéis el enlace a la noticia.

  CONSPIRACIÓN

Quiero contar una historia
extraña y dicharachera
que quede en vuestra memoria:
¡la alegre sepulturera!

Trabajaba esta señora
para una gran funeraria.
En funesta y mala hora,
de manera innecesaria,
pues ya tenía marido,
líose con un compañero
maleable e inhibido,
crédulo y aventurero.

Concibió siniestro plan:
matar de la empresa al dueño,
sin que le quitara el sueño
que uno de sus amantes
de la hija fuera esposo
y la fuente de su pan.
Sus ideas delirantes
no hallaban nunca reposo.

Pero un detalle escapó
a sus designios perversos,
con resultados inversos
a los que ella pretendía:
cuando contrató al sicario
debía de tener mal fario,
pues la trama destapó
a la atenta policía.

En castigo a sus engaños
le han caído dieciséis años,
y más tendrían que ser,
porque tamaña perfidia,
tal arte para la insidia,
no se ha de volver a ver.

  13 de septiembre de 2015




El segundo también relata hechos reales, pero bastante menos cómicos.

        HABITUAL

Un domingo, temprano,
entro frívolamente en el metro
para ir a un partido con una amiga.
En el suelo del vestíbulo
yace un hombre ensangrentado.
Otros tres, de pie, lo rodean.
Ninguno presenta señales de lucha
ni ropas en desorden.
Desde abajo, el herido gime.
Hacia él convergen tiras de papel
salpicadas de rojos manchones.
- ¿Qué ha pasado? - con el susto en el cuerpo
pregunto a un vigilante joven.
- Lo de siempre - responde

En su voz no hay un ápice de compasión
ni de lástima o condolencia.
No hay un asomo de humanidad,
solo hastío.

Si me heló la repentina visión,
sus palabras desgarran el hielo.
¡Resulta que este espectáculo de moribundos
retorciéndose sobre las frías losas
entre copos de pelusa gris,
tan alejado de mi realidad, de mi conciencia,
como un cráter selenita,
es su pan de cada día!
¡Y está ocurriendo bajo los pies de mi casa,
a personas en la flor de la vida,
sin que lo sepa nadie
que pueda detenerlo!

    20 de mayo de 2014


Y por último, uno de desamor en pentasíbos, que son así como más desgarrados.

   IGNORANCIA
 
No sabes cuánto
es mi quebranto.

No sabes dónde
mi amor se esconde.

No sabes cómo
yo me lo tomo.

¿Por qué no sabes?
¡Tienes las claves!

No sabes cuándo
se irá curando
la cruel herida
en mi afligida
alma y conciencia.
Ruego paciencia.

No sabes cuál
es mi gran mal.

No sabes nada.

  18 de abril de 2016

-Bravo -me dice un espectador al volver a mi asiento- Yo creo que la poesía tiene que tener rima, porque entonces es como música.
-Puede tenerla o no -respondo- pero cuando la tiene buena suena completamente distinta a cualquier otra cosa, incluidas las canciones.

De esta sesión me gustaron especialmente Nieva, de Pablo Cortina, Soleá del amor desprendío, de Manuel Benítez Carrasco, leído por Valentín, y Silbando caracolas, de Kiko Moras.

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