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lunes, 18 de marzo de 2024

El vino

Buenas tardes y muchas gracias por venir. Dejo para el sorteo uno de mis poemas  secretos. Impreso, pero firmado de mi puño y letra. Ceñido con una cinta rosa. Si a alguien le interesan los poemas secretos y no le toca, puede comprarme por solo cinco euros un ejemplar de El proceso y tentetieso, con el que regalo otro de Poemas secretos. Dejo también dos discos de Francisco Sosa que me tocaron en un sorteo hace algunas semanas porque dan buena suerte a quien los escucha. A mí me hicieron descubrir una canción muy interesante y el poema que os voy a leer, de Alberto Cortez. Y para corporeizarlo, esta joya de gotitas de vino, configurable como collar o como pulsera, porque es magnética.

     EL VINO (Alberto Cortez)

El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla,
que deberían salir
cuando el hombre bebe agua.

Va buscando, pecho adentro,
por los silencios del alma
y les va poniendo voces
y los va haciendo palabras.

A veces saca una pena,
que por ser pena es amarga;
sobre su palco de fuego
la pone a bailar descalza.

Baila y bailando se crece,
hasta que el vino se acaba
y entonces vuelve la pena
a ser silencio del alma.

El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.
Cosas que queman por dentro,
cosas que pudren el alma,
de los que bajan los ojos,
de los que esconden la cara.

El vino entonces libera
la valentía encerrada
y los disfraza de machos,
como por arte de magia.
Y entonces son bravucones
hasta que el vino se acaba,
pues del matón al cobarde
solo media la resaca.

El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.
Cambia el prisma de las cosas
cuando más les hace falta
a los que llevan sus culpas
como una cruz a la espalda.

La impura se piensa pura,
como cuando era muchacha
y el cornudo regatea
la medida de sus astas.

Y todo tiene colores
de castidad simulada,
pues siempre acaban el vino
los dos en la misma cama.

El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.

Pero... ¡qué lindo es el vino!
El que se bebe en la casa
del que está limpio por dentro
y tiene brillando el alma.
Que nunca le tiembla el pulso
cuando pulsa una guitarra.
Que no le falta un amigo
ni noches para gastarlas.
Que cuando tiene un pecado
siempre se nota en su cara.
Que bebe el vino por vino
y bebe el agua por agua.

Habrá quien solo vea una alabanza de la borrachera. Y quien, más allá, capte la crítica a aceptar químicamente, y por tanto temporalmente, aquello que nos hace sufrir, y el elogio a limpiarlo como se debe. Por cierto, esto es zumo de frambuesas. ¡Salud!

De este micro abierto me gustó especialmente el poema de Andreas dedicado a Valentín Nueda.

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