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lunes, 29 de abril de 2019

Los olvidados II: Ruanda

Se están conmemorando los veinticinco años de lo que narra este poema, que escribí en esa época. En pocos días ochocientas mil personas fueron asesinadas, la mayoría a machetazos, por  sus vecinos de toda la vida. Mientras caminan, tratando de escapar, hablan un niño, una mujer y un anciano.

LOS OLVIDADOS II: RUANDA

- ¿Cuándo llegaremos, madre?
- No puedo saberlo, hijo mío.
Llegaremos cuando podamos parar
sin tener miedo de que nos maten.

- Estoy cansado, madre, muy cansado.
Dos veces se ha hecho noche en el camino.
El polvo se  me pega a la garganta
y no me deja respirar.
Mis pies no aguantan tanto tiempo andando:
los siento abrirse y sangrar a cada paso.

- ¡Resiste! ¡Debemos continuar!
¿Has visto a los licaones perseguir a las cebras?
Las acosan hasta que las fatigan,
hasta que alguna, débil, se despega del resto.
Entonces caen todos con furia sobre ella,
cual lluvia de tormenta sobre las chozas.

-¿Pero por qué nos quieren matar?
¿Qué mal les hemos hecho nosotros?
- Nosotros, ninguno. De eso estoy segura.
Quizás hayamos ofendido a los dioses.
Mira, ahí delante marcha Mawituso.
Es viejo y es sabio. Y su mente está clara.
Pregúntale a él.

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- Mawituso, ¿por qué?

- ¿Por qué huimos como hormigas de hormiguero abatido?
¿Por qué los marabúes rondan nuestra columna
y pueden darse un banquete cada noche?
¿Por qué hemos tenido que abandonar la aldea
y prender fuego a las cabañas, cuidando
de que las lágrimas no apagaran las antorchas?
¿Por qué las manos blancas que intentan ayudarnos
son mordidas con saña, hasta arrancar alguna?
¿Por qué los guerreros, en vez de protegernos,
se han ido al territorio de nuestros enemigos
para hacerles lo mismo que ellos ahora nos hacen?

Yo te lo diré, hijo mío.
Escucha atentamente mis palabras
y guárdalas con celo en tu memoria,
pues no creo que ahora las entiendas.
Aún eres muy joven, y las emociones
que voy a describirte aún no han podido
empezar a pudrir tu corazón.

Ellos dicen que somos distintos,
que nacemos más bajos y enclenques,
que insultamos a la Madre Tierra
cuando, con nuestras escasas fuerzas,
le arrancamos sus frutos.
Que somos tan poco inteligentes,
tan ruines, tan flojos, tan viles,
que ni la existencia merecemos
y tienen derecho a quitárnosla.

¡Mentira! Llevo oyéndoles eso
desde mis primeros gateos,
pero mientras les sirviéramos y obedeciéramos,
mientras no les discutiéramos su poder,
nos dejaban vivir.
Sin embargo, ha surgido hace poco
una nueva idea:
que los fuertes no pueden oprimir a los débiles
cuando son más numerosos los débiles;
que un hombre vale tanto como un hombre,
pero siempre menos que dos hombres;
que unos pocos poderosos deben ceder
ante la voluntad de muchos desvalidos.

Y esa idea estaba prendiendo.
Ellos han visto peligrar su poder
y han desenterrado las antiguas falsías
para, armados con ellas,
exterminarnos antes de que se lo arrebatemos.

No están perdiendo el tiempo.
Quizá aplasten la idea, o la entierren muy hondo,
y así ellos puedan salvarse.
Mas la semilla, dura, se quedará en la tierra.
Germinará, y el ruido de sus recias raíces
robará el sueño a los hijos de nuestros opresores.

Tú, o tal vez tus nietos, cosecharéis la planta.
¡No hagáis de ella las armas para tomar venganza!
Se volverían barras de lava en vuestras manos
y abriríais el paso a una nueva masacre.

Contentaos con haberla podido recoger
y no volváis a tolerar las injusticias,
ni vuestras, ni de otros. ¡Ya es bastante!



Los olvidados I: Bosnia

De este micro abierto me gustaron especialmente:
Del lunes 22 me gustaron:
Y del lunes 15:

1 comentario:

  1. Hace 25 años se cometió en Ruanda el mayor atropello contra los derechos humanos desde la Segunda Guerra Mundial. La mayoría tribal de los hutus eliminó a las tres cuartas partes de la minoría étnica de los tutsis en cien días.

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