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jueves, 6 de septiembre de 2018

Decoración / Temas / Confesión II

— El siguiente poeta —cuenta Pepe Ramos— sería un youtuber renombrado en el caso de que el buen criterio fuese común en las redes. Y de que él supiera diferenciar una tablet de una tabla de cortar, claro.
 — Buenas noches y muchas gracias por venir. Para encuadrar el primero, unas palabras de Lluís Bassets, torticeramente sacadas de contexto:

«Fuera viejos y niños. Fuera dubitativos y remilgados. Terceros fuera también. Sobran árbitros y mediadores. Molestan sermoneadores y profetas. Que se atengan a las consecuencias quienes pretendan permanecer en el campo de batalla para hacer de notarios, testigos o retratistas. Habrá mandobles para todos, empuñen o no una espada.»

Parece escrita en el siglo XIX ¿verdad? Pues ha sido redactada este agosto de 2018 para el artículo de fondo del primer diario de este, por el momento, país.


DECORACIÓN

La puesta de lazos
acaba a tortazos
y su retirada
a limpia patada.
O hay más sangre fría
o un aciago día
pasa una desgracia.
Ya no tiene gracia.
Esta apropiación,
esta usurpación
del público espacio
por estos batracios
que marcan de orina
rizada y cetrina,
con pésimos modos,
algo que es de todos,
no puede seguir:
se ha de combatir.

  29 de agosto de 2018


Para olvidarnos un poco de la triste realidad.

TEMAS

Hablamos de...
de...
de...
de...
¡de dedos!
De Dido.
De dados.
De dardos.
De dudas.
De dodos.
Del dadá.
De dedales.
Del Dalai Lama.
Del dale que dale.
Del dolor de cabeza
y de la didáctica del dodecaedro.

  27 de julio de 2018

Dido pidió al rey bereber Hiarbas la tierra que abarcara una piel de buey, lo que a primera vista sería menos que este estrado. Pero la muy pilla la cortó en delgadísimas tiras y las unió, con lo que abarcó una gran extensión de terreno, en la que fundó Cartago. Como veis, las estafas inmobiliarias no son cosa de ahora.

Y ahora que he adormecido vuestra conciencia con esta frivolidad, voy a sacudirla con un rap sobre los abusos sexuales a menores por miembros del clero. Los versos segundo y tercero los encontré pintarrajeados en un banco y de ellos surgieron todos los demás.

              CONFESIÓN II

Si me preguntas, no soy creyente.
No creo en Dios, no pasa por mi mente.
Creo en el rap y el amor de mi gente.
La religión formal me parece indecente:
una estructura apolillada
sirviéndose del miedo para tener callada
a gente débil, incierta ante el camino,
que entrega a otros el control de su destino.
Cueva de sátiros violadores de niños
que hablan del cielo y al demonio hacen guiños,
sabiéndose amparados por un manto de sombra
que barre las sevicias debajo de la alfombra.

Represora de impulsos totalmente naturales
que desprecia tildándolos de vicios animales.
Reclutando ejércitos, pudriéndolos de hambre
y haciéndolos chocar en frenesí de sangre.
Ya pueden sus ovejas morir en la miseria:
eso no frenará de sus mandos la histeria
de gastos y oropeles; de lujo y de boato,
de derroche de oro hasta el collar del gato.

Si realmente un dios existiera allá arriba
y viera de su nombre la perversa deriva,
raudo descendería a apretarles los pernos
y enviar los malvados a los sucios infiernos.

  28 de agosto de 2018


- ¡Qué flow, macho! 

De esta sesión me gustaron especialmente:
  • el de Lola Álvarez sobre el himno español, y el otro sobre las banderas;
  • el de la hormiga de José Baena; y
  • el primero de Jorge García Torrego.

3 comentarios:

  1. La ocupación del espacio público común a toda la ciudadanía por unos símbolos privativos de una causa partidista, los lazos amarillos, equivale a una privatización encubierta que viene a significar: este país nos pertenece a nosotros solos, y nos lo apropiamos marcándolo en amarillo. Y esto ha provocado que la parte catalana que se siente excluida, representada por Ciudadanos, haya decidido reaccionar, arrancando los lazos para expresar: este país no es vuestro sino de todos, así que sacad vuestras marcas amarillas del espacio común.

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  2. Una de las paradojas de la colocación de los lazos en Cataluña es que la presencia del otro —la otra mitad de la población que tiene una posición distinta— es innegable y determinante, pero se pretende crear la sensación de que la opinión es unánime y de que el espacio público refleja ese consenso.

    En las guerras simbólicas opera una curiosa inversión: disputas en principio menores se vuelven muy serias y lo decorativo se convierte en sagrado, y, al mismo tiempo, lo que parecía importante —desde la coordinación de la política antiterrorista hasta la actividad de un Parlamento autonómico, por no hablar de la neutralidad de los espacios comunes y el reconocimiento de la pluralidad— se transforma en algo prescindible.

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  3. O guerra de lazos. Parece que la estrategia de quitar los lazos amarillos no está funcionando, porque en cuanto los equipos de retirada acaban su trabajo, los separatistas colocan otros. Me atrevo a proponer una nueva: los catalanes que no quieran caer en las manos de estos sujetos, por cada lazo amarillo atarán a su lado otros tres de diferentes colores: rojo, verde, azul, rosa, violeta... Pasaremos así de la lazomaquia a la lazomanía. ¡Celebremos la diversidad! Puede que se atraiga turismo y todo.

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